Cuando un pilar fundamental ya no puede soportar tu peso
He tardado un año en darme cuenta de que estoy completamente sola en Madrid.
Doce meses que han pasado a la velocidad del rayo y que, recapitulándolos, me dejan en la boca un sabor agridulce.
Muchas cosas han ido mejor de lo que esperaba, pero hay un apartado especial que deja mucho que desear.
En doce meses no he hecho ni un solo amigo nuevo (amigo o amiga, eso da igual). Ni uno. Me estoy refiriendo, claro está, a los de verdad, porque compañeros de trabajo, de pisoy conocidos sí que tengo, pero aunque en un primer momento llegué a considerarlos amigos, luego me di cuenta, con gran tristeza, que no, eran lo que eran y daban de sí, lo que daban. Ni más ni menos.
Así que aquí estoy más sola que la una. Teniendo que hacer malabarismos para poder quedar a tomar unas cañas...y mejor no hablar de cuando lo que se necesita no es una caña, sino cuatro o cinco y un hombro en el que llorar.
Hasta ahora tenía uno, pero sea porque se ha cansado de mi o porque no está atravesando su mejor momento...ya no puedo recurrir a él. Y desde que la dueña de ese hombro me lo ha dicho ando metida en una especie de zozobra que da vértigo, como si la tierra temblara bajo tus pies y no tuvieras cerca un pilar firme al que aferrarte.


Nadie Dice dijo
En cuanto seas consciente de la soledad, ella misma se marchará por donde ha venido, ni es cuestión de tiempo ni de paciencia. Tan solo es cuestión de saber quien eres.
Quien espera, se desespera.
Nadie
22 Noviembre 2007 | 11:16 PM