No tardé mucho en darme cuenta de que no teníamos nada de qué hablar.
En menos de dos minutos la conversación ya estaba agotada, y lo único que podíamos hacer era darle vueltas a lo mismo una y otra vez.
Desde luego, no fue una grata sorpresa. Como tampoco lo fue la sensación de vulnerabilidad que vino después. Ese descubrirse de repente a uno mismo desnudo y expuesto en una especie de escaparate con un nutrido público delante, deseoso de curiosear aún más allá de la piel.
El primer impulso, cómo no, es taparse las vergüenzas. El segundo desear tener la poción mágica que consiguiera borrar las mentes o la fórmula para volver atrás en el tiempo y congelarlo en el preciso instante en que, movido por un sentimiento de fraternal apego, destapas poquito a poco tu alma, igual que si te desabrocharas la camisa. Ahí, justo ahí…ahora ya sabes que si pudieras volver atrás, tal vez te desabrocharías el primer botón, pero desde luego, el segundo no.
En fin, ya no tiene remedio. Aunque tratara de esconderme debajo de un jersey de cuello vuelto seguiría sintiéndome desnuda.
Lo peor es que ahora toca aparentar normalidad. Como si la sesión de nudismo emocional no hubiera existido. Como si no me hubiera hecho sentir incómoda.
Dios…qué vulnerable me siento.
Aparentar normalidad siempre avergüenza más que el tema que en un principio nos avergonzó. ¿Te pasa eso a ti? Un saludo
No, no creo que vaya a ser así. Para mí lo peor, es sentir que le he abierto mi alma a alguien que aún no sé si lo merece, y que ahora conoce algunos de mis talones de Aquiles y puede hacerme daño si quiere. Esa es, en realidad, la cuestión.
No me gusta sentirme vulnerable... Quizá es de los peores sentimientos que quisiera evitar, porque aparte del jaleo emocional que te provoca, interviene también el mental, gritándote que no debes sentirte así, y que blablabla, queriendo explicarte y razonarte lo imposible...
De todas formas, abrir el alma tampoco es malo del todo. Siéntete orgullosa de la capacidad de hacerlo. Sin tú saberlo, harás mella, y eso, en parte, es una gran victoria.
¡Un abrazo!
PD. Espero que cuentes alguna anécdota de los productos de ferreterías...