Anoche descubrí, que la vida es como una gigantesca mesa de juego. Es inútil quedarse mirando cómo juegan los demás, y permanecer impasible, mientras todo se desarrolla delante de nuestros ojos.
No. Lo que hay que hacer es apostar, es decir, vivir. Arriesgarse, sabiendo que se puede perder, que podemos caer al abismo y rompernos en mil pedazos.
Como en una mesa de juego, a veces se gana y a veces se pierde. Pero hay que ser lo suficientemente valiente como para implicarse y para luchar por ganar, aunque a veces, la batalla termine em un rincón oscuro donde lamernos las heridas y la sensación de derrota.
Durante mucho tiempo fuí una cobarde que se dedicaba a mirar la vida desde lejos, temiendo tomar parte activa en ella por miedo al dolor de la traición, de la pérdida, del desamor, del fracaso; por miedo a escuchar el crujir de mis huesos y de mi alma al romperse en la caída.
Después de todo lo pasado meses atrás, descubrí que la vida está para eso, para vivirla, pase lo que pase, ganemos o perdamos lo que sea.
Por eso hace algún tiempo me decidí a jugar, a interactuar con el resto de jugadores.
La partida parece haberme ido mal. Pero la sorpresa ha sido que no he perdido lo que yo esperaba, ya que ese riesgo entraba dentro de mis cálculos. Lo doloroso ha sido descubrir que uno de los jugadores que creía mi aliado, no lo era. Tal vez esté equivocada y no lo vea todo claro desde esta esquina de la mesa de apuestas, pero siento que me ha traicionado, y eso, es mucho más doloroso que perder lo que estaba en juego, ya que, a fin de cuentas, tampoco me importaba tanto (también lo descubrí anoche) y en realidad no era mío.
Aún así, y a pesar de la gran decepción que siento, no me arrepiento de haber actuado como lo he hecho. No me arrepiento de haber reunido el valor para apostar, aunque haya perdido.
Después de todo esto, sé que soy más fuerte de lo que creía, porque aunque he visto el suelo de cerca, creo que soy capaz de levantarme y volver a apostar fuerte por aquello que pienso que merece la pena.
Así que, el juego continúa, hagan juego señores.