Me he comprado un coche. Hoy mismo lo he sacado del concesionario.
Ya sé que habrá quién piense que después de toda la inestabilidad de estos meses pasados, esta compra es una locura. Puede ser. Pero el que tenía antes, con 20 años de antigüedad, estaba agonizando el pobre. En fin, que tomé la decisión y en parte estoy contenta, en parte asustada y en parte me siento culpable. Todo a la vez.
Estoy contenta porque, joder, un coche nuevo hace mucha ilusión, y más teniendo en cuenta las comodidades con las que voy a contar a partir de ahora (dirección asistida, aire acondicionado) y que antes sólo soñaba. Por otra parte, siento que he dado un paso importante, al hacer semejante inversión. Puede parecer una gilipollez, pero me siento más adulta: parece que por fín hago algo acorde a mi edad. Ahora tendré que empezar a pensar en el pisito...jejeje.
Bueno, esto de sentirme más adulta está directamente relacionado a ese sentimiento de "temor", porque ahora sí que tengo una responsabilidad económica ineludible cada mes durante los próximos seis años. Por eso no puedo evitar pensar en qué pasará si me quedo sin trabajo, o que, al haber hecho esta compra, yo misma me he cortado un poco las alas, atándome al trabajo que tengo ahora, y olvidando mis "sueños" profesionales. Aunque lo cierto, es que cada vez estoy pisando más la tierra, y dejando de volar tanto y tan alto, porque probablemente, mis sueños profesionales, sean eso, sueños. Desgraciadamente pertenezco a esa generación que alguien ha dado en llamar "Mileurista", así que no puedo aspirar a mucho más, o al menos, no creo que deba seguir pasando el tiempo esperando cosas que tal vez no lleguen.
Por último, me siento también culpable, porque las cosas por casa no andan bien. Cuando lo he traído, mi padre ni siquiera ha bajado a verlo. Está ahí sentado en el sillón del salón con una cara que no creo haberle visto nunca. Una cara de ganas de llorar, supongo que de impotencia, de ver que se mata a trabajar y que seguimos entrampados por todas partes.
Mi yo de buena hija, me dice que soy una egoísta, que tal y como están las cosas, aparecer con un coche nuevo (aunque lo vaya a pagar yo) es poco más o menos que una obscenidad.
Mi yo egoísta, me dice que disfrute este momento de ilusión, que para eso curro 9 horas diarias, todo el puto año, que para eso lo he pasado bien mal en los meses anteriores y que ya va siendo hora de tener un poco de alegría y de esperanza en la vida, aunque nadie me regale nada.
Qué lío de sentimientos. Cuánto me gustaría poder acabar con todos los problémas económicos de la familia. Aunque también es verdad, que a veces creo, que aunque nos tocase la lotería, mis padres serían incapaces de volver a recuperar la ilusión y la alegría de vivir: son muchos años sufriendo reveses, así que incluso las cosas buenas que puedan llegar, las mirarían con recelo.
Yo no quiero ser así.
Quiero ser consciente a cada momento de que nadie regala nada y que hay que luchar mucho en esta vida para lograr cualquier cosa que merezca la pena (esa lucha forma parte precisamente de su valor), pero también quiero disfrutarla, porque no tendré otra oportunidad.
De momento, no creo en la reencarnación, así que...a vivir que son dos días.

Nota, fecha: 1 de mayo de 2006.
Acabo de encontrar la banda sonora perfecta para este post. ;-DDD


Powered by Castpost