Sólo escribo esto para felicitarme a mí misma por haberme dado (por fin) permiso para descansar.
Ocupación de mis últimos dos o tres días: no hacer nada de nada.
No recuerdo la última vez que empleé tantas horas en espachurrar el sofá envuelta en una mantita, viendo la tele, durmiendo si me apetece; vagueando todo el día, sin hacer nada y sin (atención, esto es lo más importante) sentirme culpable.
Lo cierto es que ha tenido que ser otra persona la que me pare los pies (la psicóloga que me está atendiendo por los problemas de ansiedad) y la que me ha hecho caer en la cuenta de que ando metida en una carrera angustiosa y agotadora, que yo misma me he autoimpuesto en mi afán de mejorar mi situación laboral y personal, pero que en el fondo no tiene una meta concreta.
Este parón me ha hecho ver que en realidad no sé muy bien hacia dónde corro, porque estoy tan desorientada, que pretendo correr hacia todas las metas posibles (lo cual, jugando con las palabras, es imposible) y al final, nunca consigo el ansiado premio.
En fin, seguiría contando todas la cosas que se me pasan por la cabeza estos días de "vacaciones" por prescripción, pero ahora mismo no me apetece mucho, entre otras cosas, porque aún no he conseguido aclararme, así que ponerlo por escrito, puede ser misión imposible. Y, además, me remito a la consigna de estos días: no hacer nada que no te apetezca hacer. Y ahora mismo, ya no tengo ganas de escribir. Así que, chao.
Aclaración: sólo pretendía autofelicitarme, pero es que tengo más rollo que una persiana. ;-)