Ya he vuelto a casa, y como prueba irrefutable de lo enganchada que estoy a esto, es que lo primero que he hecho al llegar (después de saludar a mi familia y soltar la maleta, claro) ha sido conectar el router y arrancar el ordenador. Eso sin contar, el par de veces que me he metido en un ciber mientras he estado en Granada. Soy blogahólica.
No tengo mucho que contar. Vengo casi más cansada de lo que me fuí (creo que le pasa a casi todo el mundo, nos vamos para descantar y relajarnos, pero volvermos destrozados).
No pensaba escribir nada esta noche porque estoy, como dicen en mi pueblo, literalmente reventá , pero tengo una sensación extraña que no me deja abandonarme del todo al cansacio y al sueño.
Incertidumbre. Tengo el presentimiento de que mi vida está a punto de cambiar, de dar un giro radical. Tal vez es sólo la ilusión que tengo de que algo así suceda, y de que me cambie la suerte de una puñetera vez. No lo sé.
No creo ser una persona con un sentido de la intuición muy desarrollado, más bien al contrario, por eso me sorprende y me incomoda y me ilusiona (todo a la vez) tanto esta sensación que tengo en el estómago y que no me deja bajar la guardia a pesar de las horas que son, y del día tan largo y ajetreado que me espera mañana.
Ojalá sean ciertas mis intuiciones y pueda escribirlas aquí con alegría.