Llevo toda la tarde tumbada en el sofá, liada en la manta que me regalaron cuando nací, la manta de mi cuna, que sigue en pié, increiblemente, casi 28 años después, dando el mismo calorcito.
A ratos he estado durmiento, y a ratos viendo la tele. Mi madre tenía puesta una peli sobre una chica americana que decide abandonarlo todo y cogerse un vuelo a Londres. En el aeropuerto, nada más llegar, se enamora de un chico, y surge desde ese momento, una sucesión de encuentros y desencuentros entre esas dos personas, que se supone son, almas gemelas.
No he terminado de verla porque he empezado a deprimirme ante tanto amor y tantos ojos de corderito degollado. Así que me he sentado aquí delante a escribir todo esto, que se me estaba pasando por la cabeza mientras veía la película.
Hace un par de años me fui a Inglaterra, precisamente a una localidad cercana a Londres, con una de esas becas Erasmus. Y me fuí un poco como la chica de la película: buscado cambiar mi vida, intentando poner en marcha la rueda de la fortuna y tratando de ayudar a la suerte, para que me diese allí, todo lo que aquí me negaba.
Tengo que decir que me fuí sin tener ni puñetera idea de inglés, así que al principio lo pasé bastante mal. También echaba mucho de menos a mi familia y a las que habían sido durante los años anteriores de universidad, mis compañeras de piso. Mis padres me llamaban una vez por semana, y las conversaciones eran francamente cortas, por aquello de que las llamadas internacionales son muy caras.
Mis compañeras nunca llegaron a llamarme. Ni una sola vez en los nueve meses que estuve fuera. Eso me dolió mucho. Me escribieron un par de cartas en todo el curso y algún que otro e-mail, que yo recibía como agua de mayo. Las perdoné y traté de comprender que aquí en España ellas también habían tenido sus movidas y tal vez no les había sobrado tiempo para mí. Eso fue lo que me dije a mí misma, pero en el fondo lo que pensé es que yo siempre había sido una pieza prescindible. Se me echaba de menos, pero no tanto. Siempre he tenido la sensación de no pertenecer realmente a ningún grupo. Nunca he sido el alma de la fiesta. En fin...
Esa era una da las cosas que, ilusa de mí, pensaba que podía cambiar yéndome unos cuantos miles de kilómetros de casa.
Creí que allí, tan lejos de todo el mundo que yo había conocido hasta entonces, lograría ser diferente. Es decir, mejor. Mejor en el sentido de que podría cambiar todas las cosas que no me gustaban de mí. Volvería a España siendo una versión súper mejorada de mí misma. Suena estúpido, lo sé.
Dejaría atrás todas mis inseguridades, mis neuras, mis complejos, mi timidez.
Encontraría dentro de mí esa mujer increíble que andaba escondida debajo de capas y capas de protección del mundo exterior.
Encontraría el amor de mi vida, y me sentiría completa.
Encontraría, en definitiva, el sentido a mi vida, y mi lugar en el mundo.
Los tres primeros meses sufrí bastante al resentirme del batacazo que supuso darme cuenta de que me había montado una película en mi cabeza que para nada tenía algo que ver con la realidad.
Nada iba a cambiar. Al menos, lo que yo pretendía.
El conjunto de mí persona (mi alma y mi cuerpo, mis pensamientos y mis sentimientos) eran los mismos aquí y en Pekín. Daba igual cuánta distancia intentase poner de enmedio, yo seguía siendo yo. Y aquello me costó bastante comprenderlo. Cuando uno se va a algún sitio, los problemas, los miedos y también todas las cosas buenas que lo componen como persona, se van contigo, son lo primero que metes en la maleta, aunque no seas consciente de ello.
Al menos aprendí eso (y algo de inglés, claro).
También conocí gente estupenda (entre ellas, a una de mis mejores amigas en la actualidad). Viajé un poquito y abrí mi mente.
El resultado de la estancia no fue el que yo esperaba, pero no cambiaría ese año de mi vida por nada.
Sin embargo, ya han pasado un par de años de aquello, y ahora que siento mi vida en crisis de nuevo (igual de cuando me fuí) me ronda por la cabeza la idea de hacer la maleta de nuevo, como si tuviese aún la sensación de que sí que podía cambiar las cosas, dándole a mi vida otro rumbo, como si no hubiera aprovechado de verdad aquella ocasión.
Y en en fondo, sé que me estoy engañando.
Puedo irme donde sea, al otro extremo del mundo, pero yo no dejaré de ser lo que soy, en el buen y en el mal sentido. Así que, nena, esta NO es la solución.
Aún así (soy bastante terca) no puedo dejar de tener la sensación de que ya agoté mi oportunidad: ese viaje que todo el mundo hace alguna vez en su vida y que se la cambia para siempre. A mí no me la cambió.
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Una vez me dijeron, si quieres cambiar de vida tienes que crear accion! Yo era alguien que no queria ser y me he convertido en el principio de lo que siempre he querido, solo hay que desearlo e ir a por ello. Muchisimos animos y besos!
Yo me agobio, me deprimo, me obsesiono, soy lo peor y cuando no puedo más pienso que igual debería irme y dejarlo todo atrás. Pero sé que sólo sería huir y mis movidas vendrían conmigo
Y te digo, el amor tampoco es la solución. Yo tengo pareja y antes de tenerla pensaba que nunca la tendría y jamás nadie se fijaría en mí, Finalmente yo di el paso y he conseguido a un chico maravilloso. Yo pensaba que, el enamorarme, mis neuras, miedos y depresines pasarían pues el amor me colmaría entera. Pero tampoco es así, sigo siendo yo e igual y encima mojo con mi mierda a mi novio. Es nuestra forma de ser y ni un amor, ni un viaje, ni una amistad, nos la cambiará: la única forma es cambiar nuestro chip mental: yo aún no lo he logrado, pero lo intentaré
Un beso fuerte
Pues ese viaje sí que te sirvió para muchísmo, en cuatro párrafos has contado más de lo que muchos pueden decir en años.
Y además también parece que te quedó claro que no vale como forma de huir.
No tengo ni idea de la solución ¿las veces que me he sentido así? ¿qué me hizo dejar de sentirlo?
En todo mi crecimiento interior (creo que de eso se trata) ha tenido mucho que ver mi pareja, no es que la solución sea el amor, como dice Irukina, pero creo que es importante no hacer la búsqueda sola.
Si eres creyente, para ese crecimiento, la idea de dios creo que también podría ayudar.
No sé... pero lo que sí que me parece, que también se puede ver en tu post, es que no es cosa de un día, pero se puede.
Es la primera vez que entro en esta página. De hecho, la he encontrado por casualidad porque estaba buscando información para un trabajo de adicciones, para la universidad (estudio psicología) y no se cómo dí a parar aquí. He leído algunos de los comentarios escritos y me han gustado mucho, pues considero que no son sólo opiniones, sino la reflexión de lo que cada uno piensa o siente, algo que sin duda merece todo mi respeto.
Pienso que la mejor forma de superar cualquier miedo, temor o inseguridad que se tenga es sin duda empezar por ser conscientes de que existen, de que están ahí, como en el caso de la chica que cuenta su viaje por Inglaterra, que la felicito por eso, porque no todos asumen sus propios miedos. Superar esas barreras, lógicamente no es fácil pero no es imposible.
Una vez, que uno sea consciente de esos miedos, tiene que pensar que ya ha ganado mucho y que el siguiente paso será convercerse de que puede lograrlo si se lo propone. Lo importante es confiar en si mismo (a veces nos subestimamos y no somos concientes de lo que podemos llegar a lograr por nosotros mismos) y sobretodo, no perder nunca la fe en uno mismo, porque sólo así, podremos seguir adelante y superarnos poco a poco en nuestros defectos y en nuestras limitaciones. Sin fe y sin creer realmente en nuestras posibilidades, será difícil poder conseguirlo. Y, como dije antes, no es fácil, lo sé, pero siempre se puede tomar como un reto y poner todo el empeño y las ganas posibles en ello.
Además, creo, que lo importante, a veces, no son las dificultades que haya en la vida, sino la postura o actitud que se adopte en ellas. Podrá haber miedos, incluso muchos, pero la mejor forma de intentar superarlos, es hacerles frente, mostrar ese espíritu de lucha, que todos llevamos dentro y demostrarse a uno mismo que puede ser más fuerte que ellos, si se lo propone de corazón.
Sé que de la teoría a la prácica, hay un buen trecho, pero no se pierde nada por intentarlo, no?
Al menos, esa es mi opinión.
Un beso!
Mireia.
Yo me fui a Londres hace más de ocho años.Pensaba estar unos dos o tres meses para practicar un poco de inglés y, como tú, huir de una situación de crisis personal en España. Ya llevo aquí más de ocho años. Mi vida ha cambiado un montón. Lo he pasado bien y mal. Y, perdona, pero creo que si que el viajar me ha cambiado. Y muchísimo. Ahora cuando voy a España (soy de Granada)me doy cuenta de cuanto he cambiado y de que ya no podría adaptarme otra vez a vivir allí. ¿Tú crees que todas las experiencias que yo he vivido aquí en Inglaterra no me han cambiado nada? Te cuento una pequeña anécdota. La última vez que fui a Granada oí una conversación en la que dos chicas hablaban de un chico que las dos conocían;una decía, "creo que es extranjero" y la otra "sí, es italiano". A mí aquello me sorprendió muchísimo. Yo vivo en una ciudad (Londres) donde nadie es extranjero. Tengo amigos chinos, franceses, alemanes, suecos, italianos... Jamás se me ocurríría decir de alguien que es extranjero y eso es una pequeñisima prueba, pero prueba al fin, de todo lo que he cambiado. Cuando vine a Londres tuve un cultural shock porque no entendía nada de la cultura de esta ciudad; ahora tengo un choque cultural cada vez que voy a España porque hay tantas casas que no entiendo. Es como hacer un viaje en el tiempo, al pasado.
Se cambia, viajando se cambia. Pero hay que viajar más y por más tiempo. Yo estoy convencido de que para cambiar, para madurar, hay que viajar, hay que leer, hablar con gente diferente (a tus amigas que las zurzan; ellas se lo pierden)y tener experiencias diferentes, aprender cada día algo nuevo... que sé yo... aprender idiomas, a tocar un instrumento... lo que sea, hay que tener curiosidad, probar cosas diferentes, sentirse vivo...
Yo ahora también estoy en un período de crisis personal (la misma de siempre; esta maldita soledad que no me deja en paz)y estoy pensando en hacer otro viajecito. Esta vez a China. Me voy por dos meses a Beijing. Me llevo una máquina de fotos y unos cuantos libros. Y seguro que aprendo algo o, al menos, me sentiré vivo.
viaja, por el amor de Dios, viaja.
Ante todo muchas gracias por tu comentario. Comprendo lo que dices porque fue exactamente lo que me ocurrió a mí cuando volví a España después de 9 meses en Inglaterra. Viajar abre sin duda la mente, enriquece mucho y aunque puedas llegar a pasarlo realmente mal (a mí también me ocurrió) siempre merece la pena.
El problema en mi caso es que tengo la sensación de que casi todo lo que aprendí allí lo he ido olvidando en estos dos años y medio que llevo en España (y no me refiero sólo al inglés, eso ahora mismo es lo de menos). Tengo la sensación de que mi mente está volviendo a cerrarse hasta situarse, por decirlo de alguna manera, en la casilla de salida otra vez. Y eso me da mucha rabia. A mi también me encantaría viajar de nuevo, pero mis circunstancias económicas y personales no me lo permiten, al menos, de momento.
En fin, te deseo mucha suerte en tu viaje, seguro que regresas siendo otro, otro mucho mejor que el que se fué. Pero eso sí, te advierto algo que aprendí yo y que no he olvidado: algunas personas no podemos huir de la soledad porque es una parte intrínseca a nosotros. Simplemente, no podemos deshacernos de ella. Mucha suerte y buen viaje!!
La soledad..... yo también me siento solo en este mundo... os entiendo perfectamente porque siento lo mismo... aunque esté acompañado todo el día por la gente a la que quiero... cada cierto tiempo siento que necesito un cambio y siempre hago algo, cambio algo en mi vida... quizás ahora mismo estoy en una de esas etapas denuevo... los cambios no son malos, todo lo contrario, siempre aportan algo aunque el cambio haya traido penas, por lo menos sabes en qué fallos no volver a caer... También siento esa especie de "olvido" de las experiencias que me vuelven a colocar como en la salida....pero quizás sea el momento de hacer cosas nuevas, no sin antes pensarlas y entonces poner todas la carne en el asador... pero y si... no encuentras ninguna motivación nueva que te llene, que te apetezca...?... entonces que?... entonces hay que aventurarse en lo desconocido, que siempre hay algo que está ahi y no conocemos...
El devenir de la vida que trae penas, desgracias o bien se las lleva... y vuelta otra vez, crecemos y otra vez, nuevos desafios contra nosotros mismos, la lucha constante e incesante de la inconformidad...
Saludos tardíos