5 de Octubre. Llevo un año en el curro. Ese que cogí como un naufrago a una tabla, y que no soy capaz de soltar porque no encuentro otra cosa que flote mejor.

Mañana ( o mejor dicho, hoy, dado la hora que es) cumplo un añito en mi actual curro. Un año. Ni de coña pensé que estaría tanto tiempo en esta empresa. Por miles de razones, que paso de enumerar, ya lo he hecho muchas veces (aunque tal vez no aquí) y por eso no me apetece volver a meter el dedillo en la llaga y recordar todos y cada uno de los motivos que hacen que no me guste mi trabajo, que hacen que me deprima cada vez que pienso que nunca encontraré otra cosa que me permitar largarme de aquí.
En fin, como ahora funciono ( o intento funcionar) en rollo positivo, voy a intentar hacer un balance favorable de este año.
Podría llamarlo así: "Cosas que me ha aportado mi odioso curro"
Veamos. Tengo que reconocer que me ha ayudado mucho a aprender a relacionarme con los demás, sobre todo en lo que se refiere a contactos breves y esporádicos con desconocidos que probablemente no volveré a ver (tal y como suena parece que trabajo en un Sex shop en vez de una ferretería) porque nunca se me había dado muy bien eso de mantener conversaciones insustanciales sobre el tiempo o sobre nada en general, con el único objetivo de matar los silencios (por poner un ejemplo). Bueno, ya tenemos una cosa positiva.
Otra cosa que he aprendido:cuestionar a los que están arriba y que se creen incuestionables (osea, los jefes, bueno, o jefe en este caso). En éste mi currelo, he aprendido a hablar y a negociar sin perder el empaque, con las ideas claras, defendiendo lo que considero que me corresponde en justicia, sin atemorizarme por tener delante a una persona unos treinta años mayor que yo en cuyas manos se encuentra mi futuro laboral inmediato. Tengo que decir, sin embargo, que los resultados positivos obtenidos de tales negociaciones han sido cero. Lo único que he conseguido realmente es que mi jefe piense que soy una mala (y revolucionaria) influencia para el resto de mis compañeros y me haya declarado "casi" publicamente persona non grata. En fin, a lo hecho pecho y con la cabeza bien alta. No me retracto de nada y asumo las consecuencias. Ole mis ovarios.
Más cositas: la gente. A excepción de la "cúpula" empresarial, tengo que decir que en general, he tenido buena suerte con los compañeros que me he ido encontrando, que han sido unos cuantos. Es comprensible que, dado el carácter miserable y prehistórico de la filosofía de esta empresa, el índice de rotación de personal es considerablemente alto (extremadamente alto, si tenemos en cuenta que se trata de una empresa con sólo unos seis o siete trabajadores). Hablando claro, en este mismo año que yo he pasado en la empresa, han entrado y se han largado en total, cinco trabajadores, casi nada. Conclusión que he sacado yo de esto: huye de empresas en las que cada dos por tres veas que están buscando personal, eso quiere decir que es un sitio donde no mola nada trabajar y que la gente utiliza como clavo ardiendo mientras encuentra algo más digno. Consejo que doy a todo el mundo: no pongáis un pie en esos antros de explotación a menos que tengáis que alimentar a seis o siete churumbeles.
Pues eso, que he tenido el gusto de trabajar con gente muy "apañá", de hecho sido manteniendo contacto frecuente con alguna de ella, y un par de buenas amistades surgidas aquí (en este ambiente hostil) se encuentran en proceso de crecimiento. Ojalá lleguen bien lejos.
Qué más, qué más.... casi lo olvido, increíble, el motivo por el que estoy trabajando: ¿el amor al arte? noooo, el dinero. Poquito, la verdad, tengo una nómina muy, muy rácana para ser la encargada de una tienda y tener una persona a mi cargo, pero bueno, mi mísero sueldo me ha permitido, al menos, mantener cierta independencia. Ahora que lo pienso, también llevo un año sin pedirle a mis padres un duro. Bien!! Y además, gracias a él tengo en este momento bajo mis manos el portátil sobre el que estoy escribiendo esto y la conexión a internet que me va a permitir colgarlo y tal vez, que alguien lo lea (aunque sinceramente dudo que nadie haya tenido la suficiente paciencia como para llegar a este párrafo, yo no la tendría).
Conclusión: quiero pensar que no ha sido un año perdido del todo aunque ni de lejos se ha parecido a lo que yo hubiera querido que fuese. Creo que he crecido, tanto como persona como trabajador. Pero ya está bien, no voy a llegar más lejos aquí, he tocado techo (uno muy bajo que no deja respirar a nadie) y necesito cambiar. Cambiar, cambiar, cambiar.
Un año después eso es lo que pido: cambio.

5 de Octubre de 2005