Tengo acné laboral
Me ha salido un grano en el culo. Un tremendo, rojo, supurante y asqueroso grano. Hiperactivo, además.
Un grano incordiante y tocapelotas que me amarga el día cada vez que hace aparición.
Trabajar con él (a estas alturas todo el mundo habrá deducido de que el susodicho grano tiene ojos, patas y hasta un nombre), trabajar con él como digo, es como una prueba de autocontrol: siempre sientes el (casi)irrefrenable impulso de darle una patada en el trasero y sacarlo de la estancia donde os encontráis, un sitio que se hace pequeño cada vez que entra, porque su enorme ego de enorme-grano-en-el-culo acapara hasta el último rinconcito que queda entre el gotelé de la pared.
Para consternación de esta mi persona, no tengo nada que hacer, ha venido para quedarse, y tengo el horrible presentimiento de que tarde o temprano, antes o después, no podré evitarlo, y me lanzaré a por él sin piedad.
Probablemente, después, cuando recupere la cordura y la razón, me arrepentiré (y mucho), porque, por increíble que parezca, hay granos en el culo que tienen mucho poder y pueden acabar jodiéndote bien la vida. Así que es mejor tratar de ignorarlos y vivir con ellos como si de una enfermedad crónica, rarísima e incurable se tratase.