Categoría: Verdades insoportables
30 Julio 2008
Los tres días laborables que me quedan antes de las vacaciones me están pareciendo la mayor condena del mundo mundial.
Sin embargo, no todo va a ser negativo. Hoy he empezado el día batiendo uno de mis récords personales: me he pasado una hora apagando la alarma del despertador cada cinco minutos. Hasta ahora mi mejor marca estaba en 45 minutos.
Eso sí, aunque no lo he contabilizado, creo que también he batido otro récord particular, esta vez en el de la ducha más rápida...la cosa era no llegar demasiado tarde.
Siguiendo esta línea de superación personal, estoy intentando pasar la mañana con el mínimo de productividad laboral. Que nadie me malinterprete. Me encanta mi trabajo, pero como decía en el título del post a estas alturas del año, ya no puedo con mi vida. Además, no tengo que hacer nada lo suficientemente interesante como para captar mi atención durante más de minuto y medio.
Veamos, tareas pendientes:
- Ordenar el armario donde guardo la documentación y publicaciones varias que algunas empresas se han dedicado a enviarme
indiscriminadamente durante el año. Nivel de interés para la realización de la tarea (puntuado de 1 a 5): pongámosle un 3. Siempre cabe la posibilidad de que desenterremos algo interesante en medio de tanto papelote (qué penita de árboles).
- Hacer un poco de limpieza en mi atestada bandeja de entrada del correo (151 elementos son muchos, ¿no?). Nivel de interés para la realización de la tarea: 1. Tengo los ojos achicharrados de estar delante del ordenador...y no me apetece revisar todos los correos que por pereza no he ido clasificando o borrando en los últimos doce meses.
- Bajar al sótano y meter en la boca de la destructora de papel unos 2000 folios (sin exagerar). Nivel de interés para la realización de la tarea: 2. Es un rollo, la destructora de papel genera un ruido infernal, pero al menos puedes desconectar el cerebro casi al 100%, sólo hay que dejar activo un 5% para calcular la distancia entre tu mano y las cuchillas que destruyen el papel (en esta época no es conveniente joderse una mano, ahora que quedan tres días para las vacaciones).
- Trabajar en proyectos pendientes que no se retomarán en serio hasta septiembre. Nivel de interés para la realizació de la tarea: 0. Si no se van a retomar en serio hasta septiembre, ¿qué sentido tiene ponerse con ellos ahora?
En fin....creo que el café superconcentradado que me he tomado hace una hora más o menos no me ha quitado el sueño pero sí me está haciendo una úlcera en el estómago. Tengo la teoría de que últimamente lo hacen aún más cargado para que en la oficina seamos capaces de hacer algo.
Bueno, después de algo más de 130 días sin escribir nada, hoy he vuelto aquí para entretenerme un ratito y poner mis neuronas a funcionar. Casi había olvidado lo que mola escribir.
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10 Febrero 2008
Para bien y para mal.
Anoche vi la película JUNO, y por estúpido que parezca, de repente, caí en la cuenta. Nunca volveré a tener dieciséis.
Eso me pone a salvo de comerter errores a una edad tan temprana, como le ocurre a la protagonista de la película. Sin embargo, también me quita la oportunidad de cometer otros que, por cobardía, no me atreví a perpetrar.
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22 Noviembre 2007
He tardado un año en darme cuenta de que estoy completamente sola en Madrid.
Doce meses que han pasado a la velocidad del rayo y que, recapitulándolos, me dejan en la boca un sabor agridulce.
Muchas cosas han ido mejor de lo que esperaba, pero hay un apartado especial que deja mucho que desear.
En doce meses no he hecho ni un solo amigo nuevo (amigo o amiga, eso da igual). Ni uno. Me estoy refiriendo, claro está, a los de verdad, porque compañeros de trabajo, de pisoy conocidos sí que tengo, pero aunque en un primer momento llegué a considerarlos amigos, luego me di cuenta, con gran tristeza, que no, eran lo que eran y daban de sí, lo que daban. Ni más ni menos.
Así que aquí estoy más sola que la una. Teniendo que hacer malabarismos para poder quedar a tomar unas cañas...y mejor no hablar de cuando lo que se necesita no es una caña, sino cuatro o cinco y un hombro en el que llorar.
Hasta ahora tenía uno, pero sea porque se ha cansado de mi o porque no está atravesando su mejor momento...ya no puedo recurrir a él. Y desde que la dueña de ese hombro me lo ha dicho ando metida en una especie de zozobra que da vértigo, como si la tierra temblara bajo tus pies y no tuvieras cerca un pilar firme al que aferrarte.
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7 Noviembre 2007
Yno sólo pasan porque ocurren, sino también porque el tiempo acaba llevándoselas con él al pasado.
Cosas que pasan y ya está. No hay que darle más vueltas. Sin embargo, pasan y se quedan como si de fotos guardadas en una caja se tratara. Allí uno puede revolverlas una y otra vez y pensar, una y otra vez, que es demasiado cruel que aquello pasara sin motivo o fin alguno, simplemente que pasara, y ya está.
Pero uno no se queda tranquilo con ese "ya está". No, tiene que haber algo más y sólo hay que saber esperar al futuro para que rescate la foto de la caja y vuelva a colocarla en el tiempo del presente, para dotarla de significado, para atar cabos y para cerrar un círculo que nos negamos a dejar abierto.
Claro que esa es sólo una posibilidad y no necesariamente la más probable. Porque es posible que las cosas pasen (ocurran) y pasen (se vayan) y ya está.
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3 Noviembre 2007
No creo que ser indeciso tenga que ser algo intrínsecamente negativo. En muchas ocasiones es mejor no decidirse hasta no estar seguro del todo, o hasta que no se presenta una opción más acertada.
Lo malo es cuando esa indecisión sigue sonando dentro de uno mismo como un runrún molesto que además nos paraliza para tomar cualquier decisión sobre cualquier alternativa posible.
Sin embargo, también puede ser que esa incapacidad de dar un paso hacia un lado o hacia otro, en el fondo lo que esconda sea una falta de alternativas o un miedo a buscarlas.
Supongo que el fin último de elegir A o B es que A o B nos hagan más felices o contribuyan de forma indirecta a ello. Supongo que a fin de cuentas, es lo que todos pretendemos en esta vida. Pero, claro...¿y si resulta que al escoger nos equivocamos?
Entonces seguramente, volveremos otra vez al principio: no actuamos por miedo a equivocarnos, luego, la indecisión paraliza.
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17 Septiembre 2007
Hoy ha comenzado otra vez la jornada partida, ergo....se acabaron las siestas de dos horitas.
Mientras me hacía un té para poder soportar este ratillo soporífero después de la comida, los ojillos se me iban a los sofás del recibidor de la empresa....ummmm....si me llevo uno al despacho, ¿lo notará alguien?
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7 Septiembre 2007
Es inevitable, lo sé, pero no por ello, menos tedioso. Todos los proyectos, por apasionantes que sean, siempre tienen sus tiempos muertos, hasta que maduran. Pero cuando te encuentras en medio de uno de ellos, la verdad es que uno puede llegar incluso hasta llegar a perder de vista el objetivo último, cayendo en un aburrimiento mortal, hasta que un nuevo golpe de energía logra moverotra vezal gran mostruo que puede ser un proyecto, y la ilusión se recupera al instante.
Reconozco que no soy una gran defensora de los trabajos en equipo. He tenido buenas y malas experiencias, y además, me gusta trabajar sola. Pero aún así, cuando por las características de su trabajo, éste tiene que ser desarrollado en soledad la mayor parte del tiempo, a veces uno acaba tirándose de los pelos, porque en momentos de flaqueza no hay nadie en quién apoyarse, que ofrezca ideas distintas, puntos de vista diferentes.
Hoy es para mí uno de esos días. Sé que tengo muchas tareas pendientes, la mayor parte de ellas, relacionada con documentarme sobre mi campo de trabajo, pero no tengo ganas de meterle mano a ninguna. Es lo malo de las carreras de fondo, de correr tanto tiempo corres el riesgo de olvidar por qué estás corriendo...y decides pararte.
Obviamente, en estos casos, es el propio sujeto el que tiene que motivarse a sí mismo, pero no siempre se cuenta con las ganas.
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14 Agosto 2007
Reconozco que estaba esperando a que sucediera algo que te pusiera definitivamente en mi camino, ya que yo no sabía cómo hacer para cruzarme en el tuyo.
Cuando sucedió no podía creer mi suerte. Definitivamente tenía la señal de que esto era cosa del destino. Tú y yo teníamos que estar juntos.
Fue tanta la sorpresa y la ilusión que de repente me volví valiente e hice cosas que jamás creí ser capaz de hacer. Y todo, por ti.
Desgraciadamente, después tuve que aceptar que tal vez, me había precipitado.
Sí, fue una suerte conocerte, y sí, me siento orgullosa de haber sido valiente, pero ya está. Ahí ha quedado todo.
La promesa que ofrecían los puntos suspensivos, que teóricamente, tenían que dar continuación a esta historia, se ha quedado vacía, habitada por un minúsculo y cada vez más apagado rallito de esperanza que, terco, se niega a morir.
De vez en cuando, alguien viene a mofarse de él, y herido en su amor propio, se revuelve, peleón, luchando por mantenerse vivo, por no perder la dignidad.
La realidad es, que se ha hecho fuerte a fuerza de sentir la soledad pegada a su espalda. Si lo pensamos bien, ¿qué tiene que perder?
Por eso, a pesar de los momentos de desesperación, de incertidumbre, de desazón, él y yo seguimos aferrados el uno al otro, esperando otro giro inesperado que haga que tus ojos se fijen en mí, que tu vida vuelva a saber de la existencia de la mía, que, finalmente, decidas que el mejor sitio para vivir es, junto a mí.
servido por nosiempremiento
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