iPod

Menos mal que ya me he comprado uno (el nano concretamente) que si no salgo corriendo a comprarlo aquí. ;-DDD
Mintiendo desde el inicio, o lo que es lo mismo, desde el título.
8 Junio 2006

Menos mal que ya me he comprado uno (el nano concretamente) que si no salgo corriendo a comprarlo aquí. ;-DDD
23 Noviembre 2005

Había una vez una niña prodigiosa con un cerebro prodigioso. Sus ojos eran como el objetivo de una cámara, lo captaban todo, y todo lo captado era almacenado en tan prodigiosa cabecita.
Esa niña creció con normalidad: le gustaba ir al colegio (bueno, eso no es tan normal), su primera pasión, mucho antes de conocer los síntomas inequívocos del primer amor y la edad del pavo, mucho antes, era leer. El primer libro que le regalaron fue Dos años de vacaciones de Julio Verne. Un tocho que sólo tenía dibujos cada quince o veinte páginas, muy pocos dibujos para una niña que no hacía tanto que había dejado el Micho aparcado.
Tenía amiguitos que luego con el tiempo siguieron siéndolo (algunos). Y más o menos creció feliz.
Su supercerébro seguía desarrollándose alimentado sin cesar por nuevos conocimientos adquiridos principalmente en la institución educativa y en los libros, porque en ese punto de su existencia, aún la vida no le había enseñado demasiadas cosas.
Durante su adolescencia, se empeñó en creer que su cuerpo no tenía otra función más que la meramente operativa, es decir, tengo piernas para andar y punto. Y se empeñó en creerlo así, porque tras minuciosas observaciones críticas siempre decidía que ese envoltorio no merecía el calificativo de "atractivo", y ya que su ser carecía de ninguna función decorativa o alegradora de las miradas ajenas (masculinas principalmente), decidió cultivar la otra parte de sí misma que hasta ese momento nunca le había fallado y de la que se sentía especialmente orgullosa.
Soy fea, pero soy muy inteligente. Ese era su lema, su mantra, repetido una y otra vez.
El tiempo siguió pasando, y pasada la odiosa adolescencia (¿por qué nos harán pasar por esto?) sus ideas sobre el mundo, sobre la vida y sobre sí misma fueron cambiando poco a poco.
Dejó de pensar que era un engendro humano para llegar a ser capaz de ver belleza donde antes sólo veía defectos.
Pero también empezó a desconfiar un poco de la capacidad de su adorado cerebro. Al fin y al cabo, él también parecía ser a veces un poco tontito.
Al principio de todo, se asustó. Esa máquina neuronal nunca fallaba, hasta que empezó a hacerlo.
Lagunas de memoria, olvidos tontos... pequeñeces...
Al principio de todo, se enfadaba consigo misma ("esto no puede ser"). Luego se relajó un poco creyendo que tal vez su cerebro estaba fatigado por la presión, y trató de dar menos importancia a sus pequeños errores, incluso aprendió a reirse de ellos.
Hasta aquel día.
Aquel día, su memoria falló tan estrepitósamente que al tomar conciencia del error, el corazón al galope trataba una y otra vez de escaparse de allí y refugiarse en algún recóndito lugar donde los sentimientos de culpa no pudiesen encontrarlo, y menos aún, todos aquellos que se echarían encima de su dueña para hacerle pagar su ERROR.
6 Noviembre 2005

Alguien (Contraejemplo, se llama) ha tenido la amabilidad se dedicar parte de su tiempo a leer mi blog (muchas gracias) y me ha hecho un comentario al primer post que colgué aquí, donde hacía el firme propósito de reescribir en este soporte la vida que no tengo y que quisiera tener, en contraste con la real.
Bien. Para ser sincera (y contradiciendo el título con el cual bauticé a mi blog "No siempre miento")la verdad es que hasta ahora todo (creo que todo) lo escrito es verídico.
Así que he llegado a varias conclusiones:
1. Soy mala mintiendo o, mejor, me da pereza tener que reinventar las cosas para que sean de mentira.
2. Consecuencia de lo anterior: mi sueño secreto de ser una novelista tiene los días contados, porque si algo necesita un novelista además de saber escribir, es tener imaginación e inventiva.
3. En el fondo, y aunque cambiaría muchas cosas, más o menos acepto la vida que me está tocando vivir, y en la cual, a veces, también tomo decisiones hacia una parte del camino u otra, con lo cual, no soy un agente pasivo que sólo recibe las consecuencias de algo que no ha provocado. No es cierto. Tomo decisiones, elijo entre distintas alternativas, unas veces acierto, otras me equivoco.
4. Si cuento las cosas como son, también es porque me alivia contarlas, me supone una especie de terapia (palabra muy en boga en la actualidad, ahora que tod@s somos un@s neurótic@s).
Total, que después de todo esto, creo que tal vez, debería rebautizar a mi nene más bien como "A veces miento", si pretendo seguir en la línea habitual, pero guardándome la posibilidad de mentir (sólo) un poquito, por si algún día decido reinventarme algo; o también podría llamarlo "Con total sinceridad" o "Siempre digo la verdad"... o yo que sé.
De momento lo voy a dejar tal y como está.
Por cierto, decirle a Contraejemplo que me ha encantado su comentario y la cita que ha incluido en él. Si alguien siente curiosidad, que lo busque el el apartado de comentarios, en el post "Comenzaré mintiendo", porque me está resultando imposible establecer el enlace a su página (aún tengo la L de novata colgada en la espalda)
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