La Coctelera

No Siempre Miento

Mintiendo desde el inicio, o lo que es lo mismo, desde el título.

Categoría: Ficción: absolutamente mentira

16 Mayo 2006

Sin título. Parte I.

Al entrar en la estancia, lo primero que atrajo su atención fué el extraño gotelé de las paredes, que le trajo a la mente de forma automática, la sensación áspera de una lija o de un estropajo de aluminio, como aquellos que usaba en la cocina del restaurante para despegar de las sartenes la roña acumulada a lo largo de miles de platos cocinados.
Pasó la mano por la pared y comprobó que, en fecto, era extremadamente rugosa, con picos de pintura que sobresalían y que arañaban la piel.
"Una pared exfoliante", pensó divertido, "seguro que frotando las sartenes contra esta pared, quedarían limpias como una patena".
La señorita que había entrado antes que él en el piso lo sacó de sus pensamientos llamando su atención desde la cocina, primera puerta a la izquierda, sin reformar, ventana al patio interior, muebles de formica ("con puertas desvencijadas", anotó mentalmente) y pequeña despensa detrás de la puerta, "asómese, vea lo amplia que es, colocando unas baldas más se puede aprovechar muy bien".
La siguió dólcil habitación tras habitación, baño completo con mampara y ventana al patio, aseo con lavabo e inodoro, rejilla de ventilación.
Al llegar al salón tuvo que entornar los ojos debido a la gran claridad que lo inundaba. Las persianas del ventanal y de la puerta que daba acceso a la terraza estaban totalmente subidas. "Estores de color salmón" se imaginó, trasladando a su mente el color que dichos estores proyectarían en las paredes. "Acogedor", decidió.
La señorita seguía empeñada en hacerle ver toda una serie de detalles que, teóricamente justificaban el precio de la vivienda: molduras de escayola, buen estado de la instalación eléctrica ("já, soy un poco inocente, no completamente imbécil").
Mientras seguía escuchando su parloteo, mentalmente trataba de realizar el montante que ponía precio a su sueño de independencia: tanto por el piso, las escrituras, gastos de apertura de hipotecas, comunidad (ese crujido lastimero del ascensor al subir delataba la importante derrama que la comunidad tendría que asumir para sustituirlo por otro nuevo en breve).
Mareado por tantos ceros y por tantas explicaciones, se despidió finalmente de la chica de la inmobiliaria tras prometerle encarecidamente que se lo pensaría y la llamaría cuanto antes.

Al regresar a casa, cogió de la bolsa de la compra uno de esos yogures que vienen en tarros de cristal. Sabor turrón...ummm.
Tras varios segundos forcejeando intentando retirar la lámina de aluminio que tapaba el envase, pensó que aquellos tarros deberían venir acompañados de un kit de herramientas para su apertura.
Finalmente consiguió abrirlo, tirando con rabia la tapa a la papelera. Se había hecho daño en la yema del dedo pulgar intentando abrirla.
Se tiró en el sofa con el yogourt en una mano y la pertinente cucharilla en la otra.
Finalmente, después de realizar el supremo esfuerzo del hombre moderno por conseguir comida (arrastrarse hasta el supermercado, ir echando las cosas en el carrito al tiempo que se intenta por todos los medios que no se tuerza todo el rato hacia la derecha o hacia la izquierda, aguantar estoicamente la cola de caja y el mal humor de una cajera con dolor de piernas varicosas, mal sueldo y contrato basura), el dichoso yogur no le supo tan bueno como recordaba de la última vez. Tal vez era porque estaba caliente y un poco revuelto, de venir dando tumbos en el maletero del coche junto con el resto de comida.
O simplemente podía ser, seguramente era, que las patatas fritas que había ido comiendo en el coche mientras conducía camino a casa (mano izquierda en el volante, la bolsa de patatas en el asiento del copiloto, los ojos pegados a la carreta mientras la mano derecha busca a tientos la susodicha bolsa), le habían quitado el hambre.
"Turrón", pensó "esto sabe a cualquier cosa menos turrón", aunque después reflexionó un poco y se dijo que tampoco podía esperarse un yogur de turrón 1880-el turrón más caro del mundo- los conservantes, espesantes, colorantes (caramelo natural, según la etiqueta) y demás no había llegado aún a tal grado de refinamiento.

servido por nosiempremiento 1 comentario compártelo


Sobre mí

Fotos

nosiempremiento todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera